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Por Angel Rozas

Ampliar el Derecho a nuestro jóvenes no solo en plano electoral
 

La posibilidad de habilitar el sufragio a los jóvenes entre 16 y 18 años de edad despierta muchas polémicas y suspicacias. Se discute desde el oportunismo y la mezquindad del cálculo político hasta la presunta falta de madurez de la adolescencia.
Con toda clase de prejuicios se pretende negarles participación y compromiso. Pero hay que notar que entre los 16 y los 18 años muchos jóvenes trabajan y estudian, algunos son padres y madres, son capaces del cuidado y ayuda familiar. No debemos negarles que tengan más derechos a riesgo de que quieran manipular a algunos como clientela electoral, porque tienen tanta sensibilidad, interés en informarse y opinar sobre cuestiones políticas como los mayores.
Mi posición en este debate no debe dejar lugar a duda alguna: estoy a favor de ampliar la base de derechos de la juventud en todos los ámbitos de la vida social, no solo en el plano político electoral.
Al expresar mi apoyo a ese derecho formal de una franja juvenil, tenemos la oportunidad de poner en discusión todo lo que debe hacerse para mejorar la situación de los jóvenes con acciones concretas y debatir aportes necesarios para implementar políticas de Estado en materia de juventud.
Nadie puede eludir responsabilidades a la hora de tratar medidas positivas y activas que hasta ahora brillaron por su ausencia en la política nacional como parte de una propuesta más integral dirigida a los jóvenes, que los incorpore democráticamente y sin ninguna clase de especulaciones a resolver las acciones más adecuadas para proteger, afirmar y hacer efectivo el ejercicio de sus derechos y obligaciones.
Por ello, importa mucho más poner en discusión la accesibilidad a los servicios de salud, de educación, de promoción para el empleo, capacitación y formación profesional, orientación vocacional, de acceso a la vivienda, a la información y la creatividad, al deporte, y demás derechos económicos, sociales y culturales.
No podemos ignorar que las formas en que se aborden las necesidades y el potencial de la juventud son factores esenciales en la elevación del nivel de vida de los pueblos, ya que influirán no sólo en las condiciones sociales y económicas actuales, sino en los medios de subsistencia de las generaciones futuras.






Debemos preguntarnos cuánto debe hacerse para mejorar la situación de los jóvenes que en nuestro país suman más de 7.000.000 entre 15 y 24 años, lo que equivale a un 17 % de la población. Entre ellos, hay más de un millón de jóvenes que no estudian ni trabajan y su situación de alta vulnerabilidad social exige la mayor atención. Más allá de las cuestiones electorales, es mucho lo que debe hacerse para brindarles herramientas que les permitan abrirse camino en la vida.
Debemos bregar por nuevos paradigmas para la juventud, desde una clara concepción de considerar a los jóvenes como sujetos de derecho, ANTES QUE OBJETO DE LA POLITICA.
Por eso, cuando se trata la ampliación de sus derechos, no podemos conformarnos con el sufragio juvenil. Queremos también mayores y mejores oportunidades para la juventud. No solo queremos que voten: queremos que terminen todos la enseñanza media y no sólo poco más de la mitad de los que empiezan el secundario; que tengan la posibilidad de estudiar en la universidad y no quedar excluidos por falta de oportunidades; que tengan acceso a un trabajo digno y genuino y no sólo a empleos en negro. De esta manera, la juventud nos plantea hoy uno de los principales desafíos para avanzar en verdaderas políticas de integración social en el país.
Compenetrados con esas convicciones de fondo, debemos tratar correctamente las contradicciones secundarias que se agitan en el escenario público con opiniones sesgadas, a veces, por una supuesta conveniencia electoral. Porque nuestra razón de ser es la búsqueda de todos los caminos que puedan recorrerse para lograr una vida social plena a los argentinos, más especialmente los desposeídos y la juventud.
Desde el fondo de nuestra historia los radicales fuimos y vamos siempre por más. Desde las primeras luchas por la reforma universitaria o el sufragio universal, secreto y obligatorio en los orígenes del radicalismo, aún antes de constituirse en partido político, nació como Unión Cívica de la Juventud.
Desde que Alem e Yrigoyen convocaron al pueblo a luchar contra las minorías defensoras de los privilegios somos la causa de la democracia, la causa del pueblo gobernándose a sí mismo. Siempre nuestra guía para la acción política fue y será en la conformación filosófica del radicalismo, el respeto por la dignidad humana, la felicidad del pueblo, el bienestar para todos y la realización de una sociedad justa, libre e igualitaria.
Sabemos también que la sociedad es transformación permanente. No hay sociedades ideales. El cambio es continuo y en una sociedad nada es inexorable. Por eso, en toda democracia estará siempre abierto el debate público sobre nuevos derechos y sobre la posibilidad de perfeccionar las formas de representación popular. Lo contrario significa sostener una perspectiva estática y conservadora.



Confiamos que los jóvenes se rebelan siempre contra el statu-quo, contra lo establecido. Existe en ellos un vehemente deseo de cambio. A veces es rabia, a veces entusiasmo o indignación y desesperación, incluso.
Los radicales sabemos que hay y habrá siempre otra juventud que da pelea y se niega a vivir en un país lleno de desigualdades. Por todo ello, estamos siempre a favor de ampliar sus derechos. Del brazo con los jóvenes, vamos siempre por más.
(*) Ex gobernador del Chaco.

 
 


 


 

 

Villa Berthet - Chaco
 
 

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