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Escrito por Dra. Graciela Gómez

Licencia para envenenar
 

“Por la ignorancia se desciende a la servidumbre, por la educación se asciende a la libertad”
(Dr Diego Luís Córdoba)

En el Paraguay, la educación parece un estorbo, los fumigados e intoxicados también. Una fábrica rodeada de escuelas que fueron afectadas por los plaguicidas que se fabrican allí, la muerte de vecinos, de una maestra, marchas y denuncias multiplicándose, autopsias desmentidas y una toxicóloga argentina como "asesora" de la fábrica del horror que en nuestro país tiene otra sede en Calle 3 y 113 del Parque industrial Norte San Luis. El dueño o socio de ambas empresas sería el argentino ingeniero Cesar Manuel Sminoff, con domicilio en Martínez en la provincia de Buenos Aires. La médica es jefa de toxicología del Hospital Posadas, trabaja para el Senasa, da clases en la UBA y es miembro del Grupo 5 de la Comisión de Investigación Sobre Agroquímicos. Además libra la batalla del veneno recorriendo nuestro país dando charlas pro-glifosato, pero no es la única.

Los niños que concurren a las escuelas cercanas a la fábrica de Paraguay fueron afectados por la misma. Desde el 2010 científicos paraguayos entre ellos la Dra. Stela Benites Leites trabajaron en la investigación del problema y el resultado es el informe titulado “Daño celular en una población infantil potencialmente expuesta a pesticidas”. Los investigadores extrajeron de los niños mucosas bucales y el estudio arrojó que los 48 niños cuya escuela está a 50 metros de la fábrica Chemtec “presentan mayor frecuencia de micronúcleos, células binucleadas, alteraciones nucleares como cariorrexsis y picnosis en comparación a la que presentan los niños de la escuela que está a 5 kilómetros y medio de la fábrica de agroquímicos". En su conclusión los científicos señalan que las células modificadas encontradas en los niños expuestos a los tóxicos expedidos por Chemtec marcan “una diferencia altamente significativa” con las células de los niños no expuestos a los tóxicos. Otro trabajo de la Dra Benitez Leites es la investigación del año 2009 “Malformaciones congénitas asociadas a agrotóxicos” que deja a las claras el impacto de los venenos incluso en poblaciones expuestas a menos de 1 km de donde se fumiga.

La toxicóloga argentina cuyo nombre es Viviana Virginia Crapanzano, criticó el último trabajo de Benitez Leites, fiel a sus honorarios pagados por Chemtec, manifestando al medio paraguayo ABC, que el estudio de los niños de las escuelas afectados por la empresa “se limita a una simple encuesta de salud” pero mediante una entrevista que le realice a la Dra Benitez Leites, la científica se encargó de contestarle con sutileza en la nota “Dios no se cree médico”
Otra de las toxicólogas de Argentina es Mirta Elena Ryczel, que quiso convencer a los habitantes de Casilda, Santa Fe, que indignados manifestaron escucharla decir en una charla días pasados, que “los agroquímicos no revisten ningún problema para la salud”. “Dijo que ella era banderillera en el campo de su padre, que el avión la rociaba y luego se lavaba bajo el chorro de agua de un molino”. También el exabrupto en la Bolsa de Comercio de Rosario al decir “que no hay estadísticas que relaciones las pulverizaciones con enfermedades”. Esta médica trabaja para un estudio jurídico de La Plata asesorando para "supuestas infracciones a la ley 25.675 de Medio Ambiente", también para una ART ,para el Ministerio de Salud y para el Hospital Posadas al igual que Crapanzano .



Pero en 2009 su discurso no era el mismo, en el informe de Comisión de Investigación sobre Agroquímicos, cuando visitó el Chaco por una denuncia de contaminación por las arroceras . En el infome junto al Dr Ernesto de Tito realizado en marzo de ese año manifiestan que “Reconocen evidencias claras del impacto de los agrotóxicos por fuera de los límites de los establecimientos arroceros (…) delimitados por alambradas, no habiéndose encontrado cortinas arbóreas en los tramos recorridos”. Recomendando “impedir la dispersión aérea de agroquímicos en un radio no inferior a 5.000 metros de todo lugar habitado, sea este urbano o rural”. Son inconsistencias plasmadas en documentos públicos que evidencian la poca vergüenza de ciertos médicos y su connivencia con el modelo tóxico.



El Ministerio de Educación y Cultura, Dirección General de Asesoría Jurídica de Ñemby Paraguay, notificó el día 15 de septiembre pasado a Hugo Céspedes Medina denunciante en la causa "Denuncia sobre daño a la salud de niños/as y adolescentes de la Escuela de Educación Básica N° 5596 "San Pedro y Pablo" de Ñemby por exposición a pesticidas en el ambiente. La nota le hace saber “...Que su denuncia de fecha 5 de diciembre de 2011 ha sido investigada con un seguimiento del caso (...) y como resultado de dicha investigación hemos llegado a la conclusión que "al final" la justicia ordinaria ya se ha pronunciado respecto de los demandados. Propietarios de la empresa Chemtec ya han sido condenados por una multa de 100 millones de guaraníes que consiste en la donación de materiales para la construcción y mano de obra a beneficio de la escuela afectada y 50 millones de guaraníes fue destinado a otra institución de enseñanza. Aunque la empresa debió mudarse, los desechos químicos siguen en el lugar y se teme que el agua de consumo esté contaminada.

El precio puesto a la salud con una multa, no incluye a las 13 personas de la cuadra de Chemtec que habrían muerto de cáncer por contaminación con agrotóxicos. Una de las denunciantes Helena Portilla, vive a 70 metros de la fábrica, fue una de las vecinas denunciante en la Secretaría de Ambiente SEAM y un familiar suyo es una de las víctimas. Según manifestó “Me quisieron comprar, para que me calle ofreciéndome una casa o plata”. La maestra Rosana Peña falleció en el 2008 a los 28 años de edad. Vivía con sus hijos a 1 cuadra de la fábrica y debió mudarse cuando le diagnosticaron melanoma maligno. La beba de 1 año de Hugo Céspedes Medina, a quien notifican con la nota, tuvo que ser internada en el Instituto de Previsión Social IPS en infectología, supuestamente por un “impétigo contagioso escarlatiniforme”(infección cutánea) según diagnóstico de la Jefa de Pediatría la Dra. Miriam Palacios. Los médicos no entendían porqué la beba tenía quemaduras en la mayor parte de su cuerpo. “Mi hija comenzó con ese cuadro 10 días después de la segunda fuga de agrotóxicos en la fábrica Chemtec ocurrida el 6 y 7 de septiembre de 2007, cuyo olor nauseabundo se sintió en todo el barrio” manifestó Hugo.
Otra demanda judicial es de la vecina Georgina Gonzalez, que vive a 1 cuadra de Chemtec. Su hija, Elyane de 16 años tiene anemia constante y bajo nivel de colinesterasa en sangre, por exposición a Plaguicidas Organofosforados, según análisis (1698 U/L en 2008 ) y (2067 U/L en 2010). Los mismos resultados se dan en los análisis de Jovina B.Campos, y otros vecinos y operarios que obran en mi poder.

Los análisis clínicos de Georgina fueron refutados por la toxicóloga Crapanzano, que manifestó que “las llagas bucales de la señora Gonzalez no son causa de los mal llamados gases fosforados a los que supuestamente estuvo expuesta (...) agregando que el certificado médico presentado por Georgina "carece de todo rigor científico siendo claramente erróneo”. Sin embargo toxicólogos de otros países opinan que “Los ojos, la lengua y la boca tienen una gran capacidad absorbente” y que “los plaguicidas por su alta toxicidad son neurotóxicos, especialmente los órgano fosforados y carbamatos”.

Lo hasta aquí relatado no fue suficiente para la toxicóloga argentina, tal vez diría que es solo una “sensación”, palabrita muy usada cuando se quiere tapar el sol con un hisopo, tal es así que una de las víctimas luego de emanar el olor constante que salía de la fábrica, gases tóxicos que producían vómitos, mareos, dolor de cabeza, llagas y distintas enfermedades en todo el barrio, falleció.
Digna Borja la víctima , tenía 48 años , comenzó con vómitos, nauseas, cuadros diarreicos, dolor epigastrio y fiebre con 5 a 6 días de evolución. La causa de su deceso en febrero de 2009 fue “Síndrome de distrés respiratorio agudo”, vivía en el barrio y su marido trabajó en la fábrica Chemtec durante 4 años, ella lavaba su ropa contaminada y cocinaba para los operarios.

En febrero de 2009, su esposo Liborio Borja, declaró ante el Fiscal en la causa “Oscar Fessagne y otro s/procesamiento ilícito de Desechos y otros", Exp N° 8430/08:
-“Yo era operario de Chemtec, manejaba una bomba con la que descargaba un pozo donde iban todos los desechos tóxicos de la limpieza de maquinarias que producían glifosato, fungicidas y herbicidas y desechos y basura del piso. Los tiraba en otros pozos en el patio, donde funciona el campo experimental, en total son cuatro y están pegados detrás de una escuela, tres de ellos están debajo del tanque australiano”. “Cuando mi esposa estaba internada me llamaban constantemente de la fábrica Chemtec y me ofrecían dinero, cuando falleció y decidí hacer la autopsia, me llamaban para mandarle un perito de parte a lo que me negué, luego me ofrecieron dinero para gastos del funeral. Ellos me preguntaron cuanto salía , les contesté que eran 4 millones de guaraníes. Entonces me dijeron que me llamaría Cesar Manuel Sminoff. Nos encontramos en la esquina de la funeraria y me dijo: ya que no aceptaste los 20 millones que te ofrecimos podemos hablar por más. Le conteste que no retrocedería con la autopsia entonces me dio 200 dólares en nombre de la amistad que teníamos”. “Se presentaron dos personas en mi casa y me ofrecieron 2 millones quinientos mil por la entrega del certificado de defunción de mi señora, que les avise cuando lo tenía en mi poder que ellos irían con la plata”.

Al leer estas declaraciones solo percibo demasiado interés para cerrar la muerte y borrar toda evidencia, un modus operandi cuasi-mafioso con el que las multinacionales y fábricas del horror suelen moverse en todo país donde contaminan. Como si borrar en forma intencional, la evidencia del delito los librara del cargo. Su exceso de confianza los hace olvidar que no existe crimen perfecto. Lo que da lugar a la impunidad son las investigaciones e inspecciones imperfectas que si existen, como consecuencia del desconocimiento técnico criminalística (…) y de actitud, de quien dirige o ejecuta la inspección o investigación, al realizarlas con negligencia o incompletas.

La Ministra de Salud de Paraguay, Dra Esperanza Martinez, envió en una nota el 9/12/2008 remitiendo además copia de la denuncia de los vecinos de la ciudad de Ñemby, al Fiscal del Medio Ambiente del Ministerio Público de Paraguay, quienes manifestaron su preocupación por la cercanía de la fábrica Chemtec que fracciona agroquímicos generando problemas de salud en la población, incluso víctimas fatales. En la misma resulta “Que a partir de esa denuncia a través de la Resolución SG N° 275/08 se conformó un grupo de trabajo multidisciplinario cuya conclusión es que se ha constatado la existencia de riesgo para la salud de los pobladores de la comunidad ubicada en cercanías de la fábrica".
Nada parece ser suficiente en el país vecino ni en Argentina, los venenos siguen causando delitos contra la seguridad pública, contra la salud pública, contra el orden público, este último cometido por los ingenieros agrónomos, toxicólogas y medios que instigando a cometer delito mal informan que los venenos son más sanos que una aspirina o que el conocido repelente de mosquitos Off.

Pero un largo camino deberá recorrer la justicia de nuestro país y la de Paraguay antes de comprender que negando la realidad es violar los “deberes de funcionario público”, que la simpatía excesiva con las multinacionales es “Cohecho y tráfico de influencias”, lo que desemboca en “Enriquecimiento ilícito” y que al final los jueces “con la venda en los ojos” delinquen por “prevaricato” dictaminando resoluciones contrarias a la ley. El artículo 200 del CP argentino no se aplicó en el fallo de Córdoba por fumigaciones, tampoco el principio de precaución en el fallo San Jorge. En Paraguay el niño Silvino Talavera de 11 años murió al ser bañado con agrotóxicos pero su victimario no está preso.

Nadie parece entender que estando en peligro nuestra salud, la de nuestros hijos y la de las generaciones futuras, es la especie humana la que está en peligro. Esto fue escrito en el 2004 en la Declaración Internacional conocida como el “Llamamiento de Paris”. Será por eso que alguien dijo que “la ignorancia y el egoísmo matan más personas” que la guerra.-

Fuente : Asociación Argentina de Periodistas Ambientales (AAPA)-Medio&medio

 

 

 

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